LA CITA DE LA SEMANA

LA CITA DE LA SEMANA:
Si lloras por no ver el sol, las lagrimas te impediran ver las estrellas

viernes, 19 de agosto de 2011

RELATO


Para los que se os esté haciendo muy largo el verano os dejo mi segundo relato que escribí hace un par de años y solo algún amigo lo a leído, no es muy largo, son tres hojas se lee muy rápido, como no se como meterlo en PDF os lo pongo aquí escrito si no queréis leerlo por pantalla, copiáis y pegáis y os lo imprimís, bueno hacerlo como os venga en gana, yo hay os lo dejo, espero que os guste:
TRES SILENCIOS Y UNA GUERRA

Despunto el día, la niebla cubría toda la ribera del Manzanares y el frió de primeros de Diciembre se calaba en los huesos, el aire cargado con pólvora y miedo le recordaba a Daniel que estaba en una guerra, una maldita guerra entre hermanos, una guerra que nadie eligió y que a todos arrastro.
Daniel era obrero y estaba en el frente republicano a orillas del río Manzanares, defendiendo las posiciones ante el asedio de las tropas franquistas. Se había negado a coger un arma, estaba en contra de toda violencia, pero quería defender lo que le parecía justo, la libertad, la democracia, la vida....
Cada mañana, Daniel junto a otros compañeros se ponían manos a la obra y cavaban trincheras para las tropas republicanas, el duro trabajo, casi de sol a sol, solo se veía compensado al volver a su humilde hogar. Allí sus dos niñas pequeñas de 4 y 6 años le esperaban junto a su esposa. Su padre falto ya de salud y de ganas de vivir se alojaba en su casa desde que empezó la guerra.
Matías, su padre, era un hombre de campo, sencillo, cuya misión en la vida había sido trabajar para sacar adelante a su mujer y a sus dos hijos Daniel y Miguel. Su mujer había muerto dos años antes por una neumonía que se la llevo en poco mas de tres meses, después el comienzo de la guerra acabo de minar su ya debilitada salud y el hecho de que su hijo menor Miguel se fuera a combatir con las tropas franquistas dio la puntilla definitiva a su ya escasa ilusión por la vida.
Daniel lo animaba cada noche al volver del frente.
-         Padre, vera como pronto vuelve Miguel.
Pero Matías miraba ausente sin ver, sin oír, sin estar.
Cada mañana antes de salir el sol, Daniel se levantaba y como cada día su padre lo esperaba junto a la puerta.
-         Hijo mío, ten cuidado.
-         Si padre, lo tendré, sabes que yo no voy a pegar tiros, solo voy a trabajar.
-         Las bombas no entienden de oficios, solo saben matar, contestaba Matías.
-         Lo se padre, asentía Daniel.
-         Fíjate a ver si ves a Miguel...
Cada mañana antes de salir, siempre la misma frase, era difícil hacer entender a su padre que era casi imposible que el destino le hiciera ver a su hermano y aunque les habían llegado rumores de que Miguel estaba en el frente de Madrid, eran muchos los kilómetros de barricadas acosando la capital. Además aunque ambas posiciones se encontraban muy cercanas y eran capaces de oír las voces del bando contrario, no era sencillo reconocer a nadie al otro lado, ya que solo se oían insultos, voces de intimidación, balas, muerte, sobre todo muerte.
-         Me fijare padre, no se preocupe, contestaba Daniel con resignación y pena.
Entonces Daniel antes de que despuntase el día salía de su casa cabizbajo y resignado a cumplir con la misión a la que se presto para defender Madrid, su casa, su gente, su tierra, su libertad. Recorría solo el camino hasta el frente y en el trayecto se sumía en sus pensamientos. ¿Que seria de su hermano?, ¿Seguiría vivo? Y si era así ¿Donde estaría? Si perdían esa guerra; ¿Que seria de su familia, de su libertad?  Si la ganaban, ¿Que seria de su hermano?, era una guerra en la que todos perderían,
-         como todas las guerras, pensó
Después de un día intenso de trabajo en el que la artillería franquista había castigado sus posiciones con gran intensidad, Daniel volvía a casa, ausente, con el olor a pólvora mojada en su cuerpo y con la muerte ahogando su corazón. Al llegar a su calle le asalto un vecino
-         ! corre Daniel!, es tu padre.
Daniel salio de su ensimismamiento y corrió hacia su casa. Al llegar a su puerta su mujer lo esperaba con lagrimas en los ojos, lo abrazo con fuerza y lo condujo a la habitación de su padre. Allí frente a la ventana que daba al Manzanares yacía Matías, con los ojos cerrados y un gesto serio en sus labios. Se acerco lentamente a el mientras lagrimas de dolor manaban de sus ojos cansados de ver la muerte cada día, se puso frente a el y un silencio inundo toda la habitación, toda la casa, toda la ciudad; durante un tiempo permanecieron así, en un silencio cómplice donde parecía que padre e hijo se estaban despidiendo para siempre.
De repente, Daniel se puso en pie, fue a su habitación, se puso ropa de calle, busco un papel y un lápiz y escribió algo, después se lo guardo en el bolsillo, busco a sus hijas que estaban entre asustadas y dormidas, sin acabar de comprender lo que pasaba a su alrededor; las beso con cariño y las mando a la cama. Ya en la puerta cogió a su mujer, la abrazo con fuerza, la beso y le dijo:
-         Me voy a buscar a mi hermano
-         pero eso es una locura Daniel....
-         lo se, pero lo tengo que intentar. Llama al padre Jesús para el entierro y esperarme hasta mañana al medio día, si no hubiera regresado enterrarle sin mi.
La dio un beso en la frente y salio con paso decidido hacia el frente. Se dio cuenta que otra veces iba hacia la muerte dejando su vida en casa, esta vez dejaba ya la muerte en casa y marchaba con esperanza de encontrar la vida, la de su hermano. Como lo iba a hacer, no lo sabia aun, pero lo tenia que intentar, ya pensaría la forma de llegar hasta el.
Al llegar al frente, busco a sus compañeros, que se entrañaron de verle allí a esas horas.
-         Como tu por aquí Daniel, si este no es tu turno. Otros compañeros suyos trabajaban por la noche, ya que la guerra no paraba nunca. Daniel explico lo sucedido a sus compañeros y a los soldados de guardia.
-         Sinceramente, me parece una locura, le comento el soldado que parecía estar al mando, pero por mi parte puedes hacer lo que quieras; baja por la izquierda detrás de aquel edificio y atraviesa el río, en cuanto salgas del agua estarás prácticamente en bando contrario y una vez allí, piensa lo que vas a decir.
Daniel sabia de sobra lo que iba a decir, primero sacaría un trapo blanco, después diría que se cambiaba de bando, lo hacían a diario muchos soldados de ambas partes, aunque no se sabia muy bien como eran acogidos los desertores en la zona franquista; después una vez allí preguntaría por su hermano. Dio las gracias al soldado y se despidió de todos.
Salto fuera de la barricada y camino agachado detrás de los piornos que poblaban los márgenes del río, rápido llego a la casa que le había comentado el soldado, se encontraba en ruinas, todas sus paredes y ventanas estaban arrasadas por las balas y los obuses de ambos bandos. Camino por detrás de la casa hasta dar con el río, se tropezó en varias ocasiones ya que la noche y la niebla le impedían ver mas allá de sus pies. Al llegar al río sintió el frío intenso del agua que se introducía en sus botas, un escalofrió le recorrió todo el cuerpo; atravesó el río, un poco a pie otro poco a nado, torpemente ya que con la ropa y las botas no era tarea fácil y así se encontró en la otra orilla, mojado, frío, asustado y triste, sobre todo triste, el recuerdo de su padre llego de nuevo a su mente y las lagrimas volvieron a brotar de sus ojos.  Se sentó a la orilla del río, escurrió sus ropas todo lo que pudo y se puso en marcha de nuevo.
-         me quedare helado, si me quedo parado, pensó.
Subió una pequeña cuesta y empezó a ver y a oír a los soldados que atentos hacían guardia, dudo un segundo y al final salto de su escondite y con un trapo blanco al viento grito:
-         amigos, aquí, amigos.
Los soldados que estaban de guardia miraron rápidamente hacia el, estaba a no mas de cien metros de ellos.
-         ¿Quien va?, pregunto una voz
-         Soy un desertor del bando contrario vengo a unirme a vosotros.
-         !!Levanta las manos!!
En esos momentos un foco le cegó la vista. Los soldados vieron que era un solo soldado y desarmado.
-         Avanza hasta aquí con las manos en la cabeza, le ordeno una voz.
Como pudo fue avanzando, ya que el foco le impedía ver y las manos en la cabeza le hacían perder la verticalidad.
Al llegar a la altura de los soldados le agarraron y tiraron al suelo, lo registraron de arriba abajo.
-         No lleva armas, dijo el soldado
-         levántate, le dijo el que parecía estar al mando. Me vas a explicar la verdad de por que estas aquí, ¿o es que te quieres reír de nosotros?
-         No por favor, solo quiero encontrar a mi hermano que esta con vosotros, ya que ha muerto mi padre y quería decírselo…..
Poco a poco Daniel fue explicando los motivos que le habían llevado a aquel lugar. El soldado le pregunto por el nombre de su hermano, al oírlo llamo a otro y este a otro, hasta que uno le identifico
-         pregunta por Miguel, dijo un soldado joven, es el cabo de la sexta compañía, esta a solo un kilómetro de aquí en aquella dirección.
-         !basta! Le dijo, el soldado que parecía estar al mando, no le hacen falta mas pistas, no deja de ser un sucio rojo y además no esta ni arrepentido, seguro que cuando vuelva, volverá a pegar tiros y a matar a todo lo que pille incluido su hermano.
-         Yo solo soy....., Daniel intento hablar
Pero en ese momento le dieron con la culata del arma y cayo hacia atrás con la boca ensangrentada.
El soldado que estaba al mando ordeno algo, miro de reojo a Daniel, lo escupió a la cara y se marcho.
El soldado mas joven, le ordeno levantarse, lo apuntaba con un arma; Daniel le obedeció, se toco su mandíbula tenia un sabor en su boca a sangre y a odio, el soldado lo llevo ladera abajo, al llegar al margen del río donde nadie les veía ya, el soldado le dijo:
-         me han ordenado matarte.......
Daniel lo miro a los ojos y encontró en ellos la misma resignación que en los suyos, sus miradas se buscaron y los dos sintieron la misma pena, se dieron cuenta que eran victimas iguales en bandos distintos. El soldado bajo la mirada, suspiro y con la voz entrecortada le dijo:
-         vete.....
-         sigue por el borde del río y un kilómetro mas abajo cuando llegues a una pequeña curva del río a la derecha sube, allí esta la compañía de tu hermano, que tengas suerte.
-         Muchas gracias amigo, no se como agradecértelo.
-         Algún día, dijo el joven soldado, cuando acabe todo esto, tomando un vino, en Plaza España, viendo ponerse el sol, sin miedo a mirar al cielo y ver las bombas caer, sin temor a mirar hacia atrás y ver una bala venir.
-         Allí estaré, si esta maldita guerra no nos quita la vida antes, afirmo Daniel.
Los dos sabían que no se volverían a ver, pero el mero hecho de pensar en la paz, en el fin de la guerra, daba a ambos la fuerza necesaria para vivir.
-         antes de irte, dijo el soldado, tengo que pegar un tiro para que ellos crean que te he matado.
Daniel asintió, el soldado apunto al río y disparo, el sonido inundo la noche y el olor a pólvora les devolvió a la realidad.
-         Gracias, dijo Daniel.
-         Me debes un vino, contesto el soldado.
-         Una cosa, dijo Daniel, ¿como es la vida en ese lado de la guerra?
-         ¿Vida?, ¿que vida?, aquí solo hay muerte, cada día mas, cada día peor…
-         Me lo imaginaba, yo vivo en un sitio parecido, al otro lado del río, contesto Daniel.
Se despidieron con la mirada, el soldado subió de nuevo a su puesto y Daniel siguiendo los consejos de este, siguió río abajo. Unas veces escuchaba voces cercanas, otras, algún sonido lejano de balas, pero la tranquilidad era la nota predominante en el frente esa noche. No le costo mucho trabajo llegar hasta donde le había indicado el soldado, subió hacia el frente justo al ver que el río torcía a su derecha con la intención de repetir la misma operación, se puso en pie, alzo el pañuelo blanco y volvió a gritar, vio alguna sombra esta vez un poco mas lejos, el río le había separado un poco de las líneas enemigas, avanzo un poco y tropezó, al caer perdió el pañuelo blanco que llevaba, lo busco pero no dio con el, entonces se acordó de el papel que llevaba en el bolsillo, lo saco, todavía estaba húmedo aunque se distinguía lo que había escrito. Lo levantó con cuidado de no romperlo y lo agito despacio, volvió a gritar, alguien desde el frente lo oyó, miro y vio una sombra.
-         ! Alto! ¿Quién va?
-         Daniel, repitió con voz ronca y cansada, soy un desertor, vengo a unirme a vosotros
Pero el soldado no oía bien lo que decía y además solo veía sombras, allí no había foco, pregunto de nuevo, espero un poco y disparo……
 Dos disparos secos salieron de su fusil y encontraron a Daniel, uno en la mano alzada y otro en el corazón. Daniel callo al suelo y el papel voló por los aires.
El soldado vio el blanco del papel que se reflejo al volar con los brillos de la luna. Cogió su arma y se acerco despacio, tardo unos minutos en encontrarlo. El cuerpo estaba boca abajo con la mano hacia arriba y hacia pequeños movimientos, el papel estaba a su lado. Lo cogió y lo leyó con la  tenue luz de la luna
-”Soy Daniel Martínez Grande, si alguien encuentra este papel por favor busquen a mi hermano Miguel, que es soldado de sus tropas, y le digan por favor que en la tarde del 6 de diciembre a muerto su padre Matías”
El soldado soltó el arma clavo las rodillas en el suelo y agacho la cabeza, miro el cuerpo casi sin vida lo dio la vuelta con ambas manos........  la realidad lo destrozo.
-         !!Daniel!!, hermano, soy Miguel......
Daniel lo miro con un hilo de vida en sus ojos, una tímida sonrisa asomo a sus labios y entonces un silencio recorrió sus cuerpos, el río, la guerra, la ciudad, todo enmudeció, se hablaron con los ojos, Miguel lloro, Daniel no pudo, su vida espiro en el momento en que las lagrimas de su hermano resbalaban por su cuerpo.
Miguel grito, se levanto con su hermano en brazos y corrió sin dirección buscando a alguien. Sus gritos cada vez mas fuertes, los soldados cada vez mas cerca, pero su puesto estaba cada vez mas lejos. Corría hacia las barricadas con su hermano en brazos y gritando enloquecido, no lo podía creer había matado a su propio hermano. Sus gritos cada vez más fuertes, sus pasos cada vez más pesados, desde la línea de fuego alguien grito:
-         !!Alto!! ¿Quien va?...
pero solo escucho gritos, cada vez mas fuertes, cada vez mas cerca.
-         !disparen!, grito una voz
El sonido de las balas apago los gritos de Miguel, mas de diez balas se alojaron en su cuerpo que se desplomo en el suelo haciéndole soltar a su hermano. Se arrastro como pudo hasta el cuerpo sin vida de Daniel y lo abrazo con la poca fuerza que le quedaba, las lagrimas se mezclaron con la sangre de ambos cuerpos y de nuevo el silencio volvió, se pararon las balas, la guerra, la ciudad, la vida.
Nadie se acerco a ver los cuerpos, nadie vio el papel en el suelo, ya no había a quien avisar.
La vejez se llevo al padre, la guerra se llevo a los hijos, el papel se lo llevo la lluvia  y su historia se la llevo el viento, su historia como la de tantos hermanos, tanta gente, tanta vidas, tantas muertes para nada.
Muchos años después de que la guerra terminase, las historias del frente se contaban en los mentideros, en las bodegas, en las casas de la gente, siempre con un tono bajo, con el miedo que dieron los años de represión. Unas eran verdad, otras eran invenciones de soldados con las que engrandecían su historial de guerra.
La historia de Matías y sus hijos, Daniel y Miguel, me la coto hace unos años un antiguo soldado del bando franquista mientras tomábamos un vino en una bodega de Plaza España, en el centro de Madrid, no se si será cierto, pero a mi me llego al corazón.

FIN

Adolfo Villaverde Serrano

Agosto del 2009.