La
sonrisa timida y burlona del jueves por la noche me ha
sorprendido, cosa rara en mi, en el sofá y frente al
televisor. El recuerdo de los años ochenta en la serie “Cuentame”
ha devuelto a mí memoria recuerdos de un pasado tan cercano y tan
lejano a la vez....
Aquellos años traen a mí cabeza momentos de peones, de cromos en el grande, de canicas, de amigos, de juegos, de píldora, de poli y cacos, de miedos, de obras, de casetas, de alegrías, de vidas, de sueños, de tantos sueños.
El tiempo pasa inexorable para todos y los recuerdos se acumulan cada vez mas al fondo de la memoria intentando escapar por algún lugar secreto y nunca volver. Pero hay cosas que la mente conserva para siempre, hay recuerdos que te transportan a lugares donde estuviste, estás y estarás toda la vida.
Las canciones te llevan en el tiempo a sitios donde no volverás y de donde nunca te fuiste, a lugares donde vuelves y nunca estuviste; pero lo verdaderamente importante de todo esto, es lo que dejo dentro de ti, lo que tu piel absorbió para siempre, los recuerdos, los amigos, la vida.
Es muy corriente pensar lo de “cuanto me gustaría a mi tener tú edad”, pero ahora en la mitad del camino, con los recuerdos arraigados en el corazón, no cambiaría aquellos años por nada, claro que me gustaría volver a tener quince o veinte años, pero con mi gente, en mí época, en la que me toco vivir y en la que aprendí a ser persona, la persona que soy.
Tirando del refranero popular me encuentro con lo de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, yo no lo creo así, el tiempo pasado es pasado y el presente es lo que nos toca vivir ahora, no se vive del pasado, se vive del presente, pensando un poco en el futuro, muy poco. Pero el pasado, ese que vivimos, ese es el que nos ayuda a saber cual es el camino que debemos seguir, porque no hay nada como mirar hacia atrás en lo alto del sendero para sentirse orgulloso del camino recorrido. Se vuelve el rostro, se respira el pasado, se empapa el corazón de recuerdos y se vuelve la vista al frente, la cabeza alta, la sonrisa en la boca y a volver a vivir.
Nos vemos en el camino.
Aquellos años traen a mí cabeza momentos de peones, de cromos en el grande, de canicas, de amigos, de juegos, de píldora, de poli y cacos, de miedos, de obras, de casetas, de alegrías, de vidas, de sueños, de tantos sueños.
El tiempo pasa inexorable para todos y los recuerdos se acumulan cada vez mas al fondo de la memoria intentando escapar por algún lugar secreto y nunca volver. Pero hay cosas que la mente conserva para siempre, hay recuerdos que te transportan a lugares donde estuviste, estás y estarás toda la vida.
Las canciones te llevan en el tiempo a sitios donde no volverás y de donde nunca te fuiste, a lugares donde vuelves y nunca estuviste; pero lo verdaderamente importante de todo esto, es lo que dejo dentro de ti, lo que tu piel absorbió para siempre, los recuerdos, los amigos, la vida.
Es muy corriente pensar lo de “cuanto me gustaría a mi tener tú edad”, pero ahora en la mitad del camino, con los recuerdos arraigados en el corazón, no cambiaría aquellos años por nada, claro que me gustaría volver a tener quince o veinte años, pero con mi gente, en mí época, en la que me toco vivir y en la que aprendí a ser persona, la persona que soy.
Tirando del refranero popular me encuentro con lo de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, yo no lo creo así, el tiempo pasado es pasado y el presente es lo que nos toca vivir ahora, no se vive del pasado, se vive del presente, pensando un poco en el futuro, muy poco. Pero el pasado, ese que vivimos, ese es el que nos ayuda a saber cual es el camino que debemos seguir, porque no hay nada como mirar hacia atrás en lo alto del sendero para sentirse orgulloso del camino recorrido. Se vuelve el rostro, se respira el pasado, se empapa el corazón de recuerdos y se vuelve la vista al frente, la cabeza alta, la sonrisa en la boca y a volver a vivir.
Nos vemos en el camino.