Me sorprendió en la final de la copa del Rey de España la
tremenda pitada que ambas aficiones dedicaron al sonar el himno. Todo el fenómeno
que ha generado después en telediarios, prensa, redes sociales y demás hasta
convertirlo en viral.
Creo que es lo que buscaban tanto los independentistas más
extremistas, como los nacionalistas más radicales.
Sí, porque a cada uno le viene bien a su manera. Mientras
unos pitando intentan mostrar ese anti españolismo masivo, que yo creo que no
es tal; alegran a todo aquellos que promueven el nacionalismo extremo y que
piensan que hay que mandar los tanques a las calles, a reconquistar territorios
perdidos y no se cuantas chorradas mas.
Yo mucho más humilde que todo eso, republicano convencido,
me sentí mal. No por el himno, ni por España, ni siquiera por el rey, me sentí
mal por la persona que está detrás del personaje publico y del cargo que
representa, por Felipe. Él aguantó el chaparrón sin saber muy bien porque, ante
una multitud que pitaba sin saber muy bien a que.
Creo que no se merecía como persona lo que le paso y creo
que la educación esta por encima de cualquier cosa.
La libertad de expresión, es una frase muy bonita con la que
a todos se nos llena la boca, pero hay que entender algo: “tu libertad
acaba, cuando empieza la de los demás”.
En el partido del otro día, nadie obligaba a ir, ni siquiera
a jugarlo, es la copa del rey, nadie engaña a nadie, hay unas normas
institucionales que se cumplen y que la mayoría acepto en su día, si eres demócrata,
sabes cual es la manera de cambiarlas.
Por poner un ejemplo, yo que soy anti-clerical por gracia de
dios, los domingos me voy de cañas, en vez de ir a misa. Pero no se me ocurre
ir a silbar a una iglesia mientras están rezando, simplemente no voy. Y de la
misma manera nadie me viene a mí a silbar por irme de cañas. Esa es la libertad,
hacer lo que quieres, sin perjudicar a nadie.
Una de las cosas que aprendí de pequeño fue la educación y
el respeto por las ideas de los demás. Yo nunca silbaría un himno ni Catalán,
ni Vasco, ni del Camerún, se trata de respetar y si no te gusta, no vas.
El colmo de todo este desaguisado lo puso Artur Mas (el de
los pitos), con la sonrisa irónica mientras todo el campo silbaba, esa sonrisa típica
del niño cabrón del colegio, que manda hacer alguna trastada a otros mientras él
se esconde sin ser visto. Me pareció tan denigrante como en la final de Lisboa,
cuando Mariano Rajoy (el de las gaitas) salto de su asiento con el gol de Real
Madrid. Él estaba allí, no como aficionado madridista, sino como
presidente del gobierno de los dos equipos de España que jugaban dicha final.
Ambos son de la misma calaña y a ambos les llegara su San Martín
(que dicen en mi pueblo), no silbándoles, pero si jubilándoles como se debe
hacer, en las urnas.
Personalmente, las banderas, los himnos y los reyes me
parece mas de películas del medievo que de la vida que vivimos, yo creo en las
personas, en el dialogo y sobre todo en el respeto.
Si no sabemos respetarnos, como nos vamos a entender.
Esto ya ha pasado más veces. Como bien dices, es una falta de respeto. Las personas se hacen como las casas, empezando por los cimientos. Y el respeto forma parte del cimentado personal.
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